Cuando un conflicto afecta la relación con un socio, con la pareja, o con un familiar, no sólo están en juego los intereses de cada uno, sino también  aspectos personales y emocionales que nos hacen sufrir.

Por eso es tan importante el modo de gestionar esas situaciones: a veces para salvar la relación, o tras veces para que termine de la mejor manera.

Sin embargo, es muy habitual que cada uno termine quedándose con lo peor de esa experiencia de crisis, y, simplemente, utilice su energía para tratar de vengarse del otro, o perjudicarlo de alguna manera.

Algunos conflictos no tienen una solución a la vista, porque los enfrentamientos personales son de tal magnitud, que no hay manera de diferenciarlos de los intereses en juego.

A su vez, instintivamente, quienes están en el medio (parientes, otros socios, empleados, etc) suelen adoptar diferentes conductas, a saber:

– Ignorar el conflicto, con  la esperanza de que pase solo.

– Amenazar a las personas enfrentadas con que todos van a tener represalias, si no resuelven rápidamente la situación planteada entre ellas.

– Persuadir a las personas en conflicto para enfriar sus diferencias, a fin de  que reine la armonía (aunque sea falsa).

– Tomar partido para un lado o para el otro.

– Imponerles un compromiso.

– Poner en juego el propio deseo de armonía, y de que no haya conflictos, como principal argumento para que se reconstituya la relación entre las partes enfrentadas.

Estas actitudes pueden brindar un alivio provisorio, pero contienen el riesgo de ser contraproducentes, porque generan una mayor acumulación de resentimientos entre los protagonistas.

Por el contrario, lo ideal es enfrentar el conflicto, y ayudar a las personas enfrentadas a hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿cuáles son mis riesgos de pérdida?
  • ¿tengo alguna manera de evitar esa pérdida?
  • ¿cuáles son los beneficios que voy a obtener, si resuelvo el conflicto?
  • ¿cómo podría maximizar esos beneficios?
  • ¿cómo están planteadas las relaciones de poder?
  • ¿dispongo de herramientas para mejorar mi posición?
  • ¿existe algún camino de retorno?
  • ¿cuál es el momento de no retorno de la situación planteada?

Dar una respuesta honesta a estas preguntas permite morigerar el conflicto, y, más allá de su desarrollo actual y futuro, priorizar la calidad de vida.