Hay una muy buena noticia para los que buscan planificar la sucesión: la donación dejó de ser una mala palabra. Pero vayamos de a poco.

¿Por qué donar era una posible maldición hasta ahora? Porque un título de propiedad de un inmueble, o de otro bien registrable (por ejemplo un auto o un barco), que había sido donado, estaba expuesto a un señor o una señora muy “dañinos”: los famosos herederos o herederas desplazados. Hablando en serio, no eran dañinos, sino que quizás realmente habían sido desplazados en una herencia, y durante 10 años tenían derecho a reclamar lo justo, es decir, a recibir su parte. El problema es que si entre los bienes que reclamaban había inmuebles donados (o autos o barcos), su demanda afectaba a los terceros que de buena fe les hubiera comprado durante esa década esos bienes a los herederos no desplazados. ¿Por qué? Porque dichos bienes, hasta ahora, tenían que volver a la sucesión, sin importar que ya hubieran sido vendidos a otros que nada tenían que ver, los famosos “terceros de buena fe”. Por lo tanto, nadie, ni ebrio ni dormido, iba a comprar un inmueble (o un auto o un barco) en cuyo título de propiedad dijera: donación. Su temor lógico era: ¡A ver si aparece otro heredero y me lo reclama!

La gran buena noticia es que esto cambió hace pocos días. Una reforma en el Código Civil y Comercial de la Nación establece que los herederos desplazados podrán seguir reclamando durante 10 años, por supuesto, pero que ahora ese reclamo sólo será para obtener dinero de los otros herederos, sin afectar en nada a los bienes donados que se hubieran vendido.

Es decir, los terceros de buena fe, desde ahora, podrán comprar sin problemas esos bienes, sin temor a que les toquen el timbre y les digan: “buen día, soy un heredero desplazado”. Una muy buena noticia, reitero, para la planificación sucesoria.