Desde Agosto de 2015, quienes deciden casarse pueden optar por el régimen tradicional, de “comunidad de gananciales” (el que siempre existió, y se conoció como “sociedad conyugal”) y el régimen de separación de bienes.

A su vez, todos los años resulta posible, según el Código, cambiar el régimen, es decir que, por ejemplo,  una pareja casada puede decidir una separación de bienes sin necesidad de divorciarse.

¿En qué consiste el régimen de comunidad de gananciales, o sociedad conyugal?

Consiste en que todos los bienes adquiridos durante el matrimonio por cualquiera de los cónyuges, que no provengan de una herencia, un legado o una donación, tienen el carácter de “bienes gananciales”, lo que significa que, al finalizar el matrimonio, sea por divorcio o por fallecimiento de uno de los cónyuges, se debe dividir por mitades.

Respecto de los bienes gananciales no importa quién los haya adquirido, ni a nombre de cuál de los cónyuges figuren: basta que hayan sido adquiridos mientras el matrimonio se encuentra vigente (y, como dijimos antes, que no impliquen un desplazamiento de dinero o bienes obtenidos por herencia, legado o donación) para que se los considere bienes gananciales.

Tanto en caso de divorcio como de fallecimiento de alguno de los cónyuges, se juntan todos los bienes gananciales, en una masa común, y de allí se hace la división: el 50 % corresponde al cónyuge sobreviviente, en tanto que el 50 % restante tiene el siguiente tratamiento:

  • Habiendo hijos, les corresponde a estos, con excepción de que el fallecido hubiera realizado un testamento válido, en cuyo caso hasta la tercera parte de esa porción del 50 % corresponderá a los herederos testamentarios.
  • No habiendo hijos, esa porción se atribuirá a los padres y al cónyuge en partes iguales (si los padres no viven, exclusivamente al cónyuge) pero la mitad de esa porción podría haber sido dispuesta a través de un testamento, de un fideicomiso o de una donación.

¿En qué consiste el régimen de separación de bienes?

Cuando un matrimonio opta por el régimen de separación de bienes, no existen los bienes “gananciales”, no se genera una “comunidad de bienes” entre los cónyuges.

Esto significa que los bienes son de quienes los tienen a su nombre (salvo que se pruebe que hubo una simulación, y que el verdadero propietario no sea el que figura como tal).

Cada uno de los cónyuges está en libertad de comprar o vender bienes, con excepción de la vivienda familiar: no importa quién sea el propietario, para vender la vivienda, o para hipotecarla, se requiere el consentimiento del otro cónyuge, aunque no sea propietario.

En caso de fallecimiento de uno de los cónyuges, concurre a la sucesión conjuntamente con los padres del fallecido en caso de que no tuviera hijos, o sea que el patrimonio se repartirá entre el cónyuge y los padres, pero, a través de un testamento válido, una donación o un fideicomiso, el titular del patrimonio puede disponer libremente de la mitad de sus bienes, sea para mejorar a alguno de sus herederos forzosos, o para beneficiar a un tercero.

En caso de que la persona fallecida hubiera tenido hijos, los padres no concurren a la sucesión, sino exclusivamente el cónyuge y los hijos en partes iguales: si una persona tiene un hijo, el patrimonio se reparte entre cónyuge e hijo; si tiene dos hijos, se divide por tres; si tiene tres hijos se divide por cuatro, y así sucesivamente. Asimismo, el causante tuvo la libertad, a través de un testamento, de una donación o de un fideicomiso, de disponer libremente de la tercera parte de su patrimonio.

 

Disposiciones en común

Sea cual fuere el régimen matrimonial (separación de bienes, o comunidad de gananciales) el cónyuge sobreviviente tiene derecho de habitación vitalicio y gratuito en el inmueble que huera sido asiento del hogar conyugal (art. 2393 CC y C).

A su vez, tal como sosteníamos en el punto anterior, la compraventa o la hipoteca del inmueble donde está asentado el hogar conyugal requiere consentimiento del cónyuge, en cualquiera de los regímenes de bienes.

El usufructo de los bienes propios y su impacto en las empresas de familia

Hay un punto especialmente relevante para las empresas de familia: resulta que, en el régimen de comunidad de gananciales, está establecido que el usufructo de los bienes propios es ganancial.

Esto significa que los terneros que nazcan después del matrimonio; los intereses que se obtengan como renta del capital, los dividendos de las acciones, son gananciales, por lo que deben ser repartidos al finalizar el matrimonio.

En algunos casos se trata de valores de elevada magnitud, lo que desalienta la posibilidad de que personas con un importante patrimonio se casen por el régimen de comunidad de gananciales.

Dado que, a su vez, la existencia de ese derecho podría dar lugar a pedidos de intervención societaria, u otras medidas que pueden poner en riesgo la confidencialidad de una empresa, es que, en general, en los protocolos familiares se establece la recomendación de que las nuevas generaciones contraigan matrimonio por el régimen de separación de bienes, a través del cual no cabe ninguna duda respecto de quién será el propietario de cada bien, en caso de divorcio.

 

Soy Leonardo Glikin, y los espero el sábado a las 9, por radio Perfil, en Empresa y Familia, Modelo para Armar