Hay familias en las que no se habla del patrimonio, y tampoco se toman decisiones.

Es un tema tabú, por diferentes razones: porque hablar de dinero puede llevar a peleas; por una presunción de codicia (el temor de que “si hablo de lo material pueden interpretar que eso es lo único que me importa”) o porque hablar del patrimonio significa pensar que, algún día, los padres no van a estar.

Sin embargo, la falta de diálogo conduce a grandes desengaños cuando llega el momento, porque algún hijo no está a la altura de las expectativas, sea en el cuidado a los padres, o quizás en su mayor o menor generosidad hacia los hermanos.

Normalmente, ese “descubrimiento” de actitudes no deseadas lleva paradójicamente a las mismas peleas que se trataron de evitar al no hablar del tema. Pero agravadas, porque no existió la posibilidad de un ensayo, de poner las cosas en claro antes de que ocurrieran.

Por eso, siempre es recomendable hablar de lo que no se habla. Como proclamaba una campaña hace unos años, “la peor opinión es el silencio”.

Ese diálogo puede ser muy útil desde el punto de vista patrimonial, además del humano. Porque al confirmar que las relaciones son muy buenas, lo mejor será mantener el patrimonio unido. O porque se conseguirán mejores condiciones para defenderlo en el futuro, o porque cada uno de los miembros de la familia se va a sentir más seguro, sin el riesgo de decisiones individuales que pueden resultar equivocadas.

En otros casos, por el contrario, se puede llegar a la conclusión de que lo mejor será que cada uno tenga lo suyo.

En el marco de la Planificación Sucesoria, tanto personal como empresarial, hay instrumentos útiles para cualquiera de estas estrategias, que podemos resumir como “todo para todos” o “a cada uno lo suyo”.

  • Si queremos mantener el patrimonio unido, es factible estructurar una sociedad, o un fideicomiso.
  • – Si, por el contrario, queremos separar el patrimonio, es posible recurrir a la “partición por ascendientes” es decir, a la posibilidad de que los padres dividan los bienes que cada hijo va a recibir por vía hereditaria.

Se trata de definir qué es lo mejor para cada familia, y para cada persona, reflexionar, y actuar en consecuencia.